Huérfanos

4 enero 2009 at 5:29 pm 3 comentarios

Portada de la edición española de bolsillo de Hijo de Dios

Portada de la edición española de bolsillo de Hijo de Dios

Hace unos cuantos días acabé de leer Hijo de Dios, de Cormac McCarthy, la primera novela de este autor que he leído. Como sabréis, McCarthy se ha hecho algo más conocido de lo que era en España gracias a la adaptación que los hermanos Cohen hicieron de su No es país para viejos, con Javier Bardem en el reparto.

Hijo de Dios cuenta algunos momentos en la vida de Lester Ballard, un ejemplar extremado de eso que en los Estados Unidos llaman white trash: un blanco pobre del sur, con una capacidad intelectual mínima, rozando el idiotismo. Un Cletus cualquiera, vamos. Ballard ha sido desposeído de sus tierras por la justicia y a partir de ese momento vivirá de manera semisalvaje en las montañas del condado de Sevier. Empezará un progresivo camino de degradación que, pasando por la necrofilia y el asesinato, lo va convirtiendo poco a poco, en un monstruo, una especie de ogro de cuento, un ser aparte de cualquier sociedad, de cualquier vínculo afectivo o humano. Un hijo de Dios como cualquiera de nosotros, y por ello mismo tan huérfano como cualquiera.

La novela se construye a partir de breves fragmentos, que van desde una hasta diez o doce páginas, en que se alternan las escenas de la vida de Ballard, referidas por un narrador externo, con otros en que aparecen voces diversas, inidentificadas,  que refieren anécdotas, historias, recuerdos, y van completando el cuadro. La prosa de McCarthy -al menos la prosa del traductor de McCarthy, que en este caso ha sido Pedro Ferrández Aranda- se mueve en un equilibrio entre la sobriedad, la sequedad incluso con la que describe los aspectos más sórdidos de esta existencia desabrigada y malsana, y una tendencia, digamos, poética, una gran capacidad metafórica que se muestra siempre contenida.

Se ha hablado de hiperrealismo a propósito de la obra de McCarthy. Sin entrar en el juego de las etiquetas, sí es cierto que McCarthy plantea situaciones de violencia y degeneración con una gran naturalidad, de una manera muy directa, muy limpia, lo cual contribuye a que su impacto en el lector sea mayor. La conjunción de esta faceta con esa vena casi lírica que también se encuentra en su pluma le da al texto una fuerza narrativa en mi opinión considerable. Puestos a buscar referentes cinematográficos, me venía a la mente una película como Fargo, donde también se percibe esa naturalidad de la violencia que queda tan bien resumida en esa sangre que empapa la nieve.  Por casualidad, mi lectura de Hijo de Dios ha coincidido en el tiempo con la visión de un par de películas de Sam Peckinpah: no me parece aventurado trazar paralelismos entre ambos creadores. La novela de McCarthy tiene bastante de cinematográfico, en el mejor sentido. El imaginario del western, con su épica de los paisajes, la soledad y la violencia tienen un peso importante en el novelista.

Hacia el final de la novela, el sheriff del condado, su ayudante y un anciano de la localidad mantienen una conversación a propósito de hechos sucedidos en el pueblo muchos años antes. El ayudante pregunta al anciano:

¿Cree que la gente de entonces era más miserable que la de hoy?, preguntó el ayudante.

El viejo estaba mirando con detenimiento el pueblo inundado.

No, contestó. No lo creo. Creo que el hombre sigue siendo el mismo desde el día en que Dios hizo el primero.

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C’est dur d’être empané Un gaza, dos gazas, tres gazas

3 comentarios Add your own

  • 1. Raúl  |  4 enero 2009 en 9:17 pm

    Me atrevo a hacer una humilde intervención en tu blog al hilo de la referencia a Sam Peckinpah para reivindicar ‘Open Range’ de Kevin Costner, en mi opinión el mejor western crepuscular de todos los tiempos -muy por encima de ‘Sin perdón’ por poner un ejemplo. De verdad, una de esas películas que duran dos horas, parece que hayan sido cuatro y podrían haber sido cuatro más sin ningún problema. Un abrazo Dabid y me alegra saber que no estoy solo en el ciberespacio.

  • 2. Raúl  |  4 enero 2009 en 9:18 pm

    ‘Dabid’ con B, con dos cojones ¿cuela aquello de que -inverosímil pero cierto- la b y la v están pegadas en el teclado? ¿Quién fue el cachondo que tuvo esa cruel idea?

  • 3. David  |  4 enero 2009 en 11:23 pm

    Pues no conozco Open Range. A ver si me la compro o -si no está barateja en la FNAC- me la bajo. Siempre he tenido querencia por el western, pero tengo unas lagunazas impresionantes. Lo de Peckinpah es que le pedí a Papá Noel una caja que vi con cinco pelis suyas y me está molando bastante. Lo de la b y la v, el cachondo que las puso no sabía que lo era, porque sería anglófono y no tenía idea de que por estos lares pronunciamos igual las dos letras. Habrá que reivindicar un teclado español con las letras en otro orden y que sufran los guiris que vengan aquí tanto como sufría yo en Francia con el teclado francés. ¡Hasta luego, forastero!

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