Archive for mayo, 2009

De mudanza

Este blog se va a trasladar a Blogger. A pesar de que considero que WordPress tiene ventajas sobre Blogger -para mí, tres: más variedad de aspectos; mejor sistema de clasificación de entradas, con dos niveles, categorías y etiquetas; y estadísticas incorporadas, sin necesidad de recurrir a una aplicación externa-, he decidido mudarme a Blogger fundamentalmente porque aquí no consigo insertar reproductores de audio en los posts. Tanto si intento cargar canciones con la función de insertar audio de mi panel de creación de entradas como si copio-pego el código de reproductores como los de Goear y Deezer, el resultado es negativo. Como una de las cosas que me apetece hacer en el blog es comentar discos, canciones y artistas musicales, y creo que añadir muestras de la música que se comenta enriquece el contenido, me veo obligado a partir hacia Blogger.

Estoy intentado importar el contenido de este blog al otro, pero estoy encontrando problemas. Si logro superarlos, el contenido de este blog pasará al otro. Si no, el otro arrancará solo con el contenido nuevo.

La dirección en la que me encontraréis es: http://elencantoproxeneta.blogspot.com/

¡Nos vemos allí!

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18 mayo 2009 at 8:08 pm Deja un comentario

El curioso caso de Benjamin Button

Hace un par de días, leí el cuento de Francis Scott Fitzgerald «El curioso caso de Benjamin Button» que sirivió de punto de partida para la famosa peli, de la que hablé el otro día. Lo he leído en una traducción francesa, por varios motivos: porque me estoy preparando para hacer el examen del DELF y, sobre todo, porque la edición francesa costaba 2€ -y eso por ser aquí, que el precio para Francia es de 1’50€-, mientras que la española, con exactamente el mismo contenido -el susodicho relato y otro, «El diamante tan grande como el Ritz»- valía casi ocho. Confirmación de lo que ya sabía: leer en Francia es más barato que hacerlo aquí. Como dice mi amigo Javi, para saber qué cosas se valoran en un país hay que ver cuáles son baratas. En Francia, los libros y el vino lo son. Un país donde se puede ser feliz.

En cuanto al cuento, lo primero que llamará la atención de quien haya visto la pelicula es la escasa relación entre ambos. Decía antes que el relato es un punto de partida para el film porque efectivamente este toma de aquel poco más que la idea de un hombre que nace viejo para ir rejuveneciendo progresivamente, hasta morir como un bebé. Si nos fijamos en el nivel de lo narrado, poco tienen que ver las vidas del Benjamin Button literario y de su tocayo cinematográfico. Ni abandono por parte del padre, ni padres adoptivos negros, ni residencia de ancianos, ni niña amiga que se convertirá en amada, ni barco, ni Rusia, ni nada de todo eso. El guión es fundamentalmente original y, a la vista de que, como decía el otro día, me pareció bien trabado y capaz de mantener la atención del espectador durante toda la película, esto le añade mérito.

Francis Scott Fitzgerald
Francis Scott Fitzgerald

La otra diferencia, que es la fundamental, y que está en la base de la comentada, es la de tono e intención: el relato de Fitzgerald es básicamente cómico, mientras que la peli es sobre todo un drama, un drama romántico. Lo percibimos desde las primeras líneas, cuando vemos que, a diferencia de lo que pasaba en el cine, este Benjamin Button nace con un metro setenta y cinco de estatura y con un desparpajo envidiable. El núcleo del que surge la comicidad en el caso del cuento es la tensión entre el hecho de que el «niño» es en realidad un septuagenario con todas las características no solo físicas sino de carácter propias de esa edad, y el empeño de su padre en que se comporte como un niño. Como en un cuento de Calders, lo extraordinario viene a turbar la paz de lo cotidiano, pero los personajes lo toman más como una molestia o una ocurrencia impertinente, una mala jugada del destino, que como un hecho verdaderamente sobrecogedor. En el hospital, entre médicos y enfermeras, lo que predomina no es el estupor por un acontecimiento contrario a las leyes de la biología, sino la incomodidad ante este hecho que viene a romper la normalidad.

Para muestra de la diferencia de tono entre el relato y la película, aquí van unos párrafos sacados de las primeras páginas, las que cuentan la «infancia» de Benjamin -cuidado porque traduzco de la, a su vez, traducción francesa:

Un día le llevó un sonajero e insistió fastidiosamente para que lo utilizara: el viejo lo cogía -con un aire resignado- y lo agitaba dócilmente de vez en cuando, a lo largo del día.

Sin embargo, no cabe duda de que el sonajero lo aburría prodigiosamente, y de que, cundo estaba solo, encontraba otros medios, más relajantes, de distraerse.

Así fue que un día, el señor Button constató que su reserva de cigarros había menguado mucho con respecto a la semana precedente -una anomalía que encontró su explicación algunos días más tarde, cuando, entrando inopinadamente en la habitación del niño, encontró a Benjamin aureolado de una nube de humo azul, que intentaba, con aire confuso, esconder entre sus dedos una colilla de habano. Habría merecido una buena zurra, pero el señor Button no pudo resolverse a administrársela. Le advirtió simplemente de que eso iba «a impedirle crecer».

Como decía, es esta diferencia de tono e intencionalidad la que hace que difieran los respectivos argumentos de las obras. Sin embargo, también es cierto que hacia las últimas páginas, cuando Benjamin va entrando en esa extraña vejez que hace de él un niño, el relato adquiere un tono más doloroso: la risa adquiere un matiz más amargo. Si al principio la contradicción entre edad real y aparente servía para crear puros efectos de humor, hacia el final, cuando Button se convierte en un adolescente no solo físico sino mental pero que conserva la memoria de su pasado, la inadecuación del personaje con la realidad que lo envuelve, si bien no deja de ser cómica, se tiñe de cierto patetismo . Button no es quien los demás ven, y le resulta imposible convencer al mundo de quién es y de quién ha sido.

Y es que, al fin y al cabo, el humor es una cosa muy seria. Con este cuento, Fitzgerald está dando otra vuelta de tuerca al viejo tema del conflicto entre el individuo y la sociedad, en última instancia, al del artista y la sociedad. Como el propio Fitzgerald, quien nunca consiguió poder vivir de manera estable de su pluma, que tuvo que luchar para ver publicadas sus obras y escribir a destajo para pagar las facturas del hospital donde estaba internada Zelda, dificultades que solo puedo sobrellevar a base de alcohol; como Fitzgerald, decía, Button es un personaje incapacitado para la vida normal, un personaje que va literalmente a contracorriente. Fitzgerald da el golpe maestro al hacer literal lo metafórico y crear un personaje radicalmente inadecuado para la sociedad, en que el ser y el parecer se mueven en sentidos opuestos.

14 mayo 2009 at 1:51 pm Deja un comentario

Vencieron los gigantes

Como supongo que ya sabéis, Antonio Vega ha muerto, a la edad de cincuenta y un años. No puedo decir que fuese seguidor de su carrera, pero sí que me parecía un músico respetable, autor de algunas grandes canciones. Probablemente una de las mejores sea la muy hermosa Lucha de gigantes, un tema verdaderamente grande, en mi opinión. Aquí os dejo el vídeo de su actuación para Los 40. Parece que al final vencieron los gigantes. Sirva de homenaje.

12 mayo 2009 at 11:11 am 4 comentarios

I Fought the Law

Gracias a un post del blog La gramola de Shavatt, me entero de varias cosas: que la canción I Fought the Law que tocaban The Clash no era suya original, como pensaba, sino de Sonny Curtis, aunque quienes la hicieron popular fueron The Bobby Fuller Four.

Y además, me entero de que Loquillo y Fito hicieron una versión en español del tema.

Para las demás versiones, visitad el blog de Shavatt, que además merece la pena.

7 mayo 2009 at 9:18 pm 2 comentarios

Gene Clark (I): The Fantastic Expedition of Dillard & Clark

Gene Clark es tal vez uno de los músicos, cantantes y compositores de música pop que ha tenido peor suerte, en su vida y en su carrera. Primer líder de The Byrds, dejó la banda dos años después de la aparición del primer álbum por una serie confusa de motivos: su miedo a volar, que le impedía embarcarse en giras, la rivalidad con Roger McGuinn, que iba asumiendo labores vocales que en principio correspondían a Clark, etc. A partir de su salida de la banda, la carrera de Clark pasa por una serie de etapas en ninguna de las cuales le va a compañar el éxito de público ni la notoriedad, a pesar de que bien lo hubiera merecido, atendiendo a los dos magníficos discos suyos que he escuchado últimamente. En cuanto a su vida personal, el alcohol jugó en ella un papel protagonista, lo cual lo condujo a una muerte prematura, por ataque al corazón, a la edad de cuarenta y seis años.

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Después de abandonar The Byrds, y tras un primer disco en solitario, Gene Clark with the Gosdin Brothers, Clark aúna esfuerzos con el músico country Doug Dillard, líder de The Dillards, importante grupo de la corriente bluegrass del country, y forma con él Dillard & Clark, nombre con el que sacarán dos álbumes.

Hoy quería hablar de el primero de esos discos, The Fantastic Expedition of Dillard & Clark, aparecido en 1968. Ante todo, es importante remarcar que se trata de un disco de country. Country-pop o country-rock, si se quiere,  pero country en lo fundamental. Así que quien tenga algo de alergia al heno de granero de granja americana, mejor que ni se acerque a él. La buena noticia es que creo que no hace falta que uno sea aficionado al country más puro para gozar de este disco: supongo que a cualquiera a quien le guste, por decir algo, el A.M. de Wilco, podrá disfrutar de la expedición de Dillard y Clark.

La magnífica portada de The Fantastic Expedition of Dillard & Clark

The Fantastic Expedition es un buen disco, un gran disco, por los mismos motivos por los que pueda serlo cualquier otro: por ser una colección de buenas, muy buenas canciones, agrupadas con coherencia, sin altibajos, sin «canciones-que-sobran». Como todo gran disco, tiene una atmósfera particular, que solo es posible respirar en su interior. Como todo gran disco, sigue siendo la última palabra en ese particular género que cada gran disco crea, de la misma manera que, como decía Julio Camba, la catedral de Santiago sigue siendo la última palabra en cuanto a catedrales románicas.

Como apuntaba antes, el country que se respira en este trabajo es del tipo bluegrass: banjos y fiddles -el violín típico del country- que dibujan melodías ágiles, de esas de baile de granjeros -véase la versión que hacen de Git In On Brother de Lester Flatt para hacerse una idea. No faltan, sin embargo, los medios tiempos y las canciones más reposadas. En el lado más pop, Clark aporta la delizadeza de unas melodías vocales sobresalientes.

En cuanto a canciones, ninguna de las nueve que componen el álbum original (la reedición en CD viene con tres bonus tracks) tiene desperdicio, en mi opinión. Si tuviera que destacar alguna, me quedaría probablemente con la preciosa The Radio Song, un medio tiempo con un acompañamiento instrumental delicadísimo y delicioso; con With Care from SomeoneTrain Leaves This Morning, Something’s Wrong o She Darkened the Sun.      

Entre los tres bonus, destaca la magnífica Why Not Your Baby, que a pesar del acompañamiento de banjo es básicamente una canción pop muy en la línea de The Byrds, y la versión del Don’t Be Cruel de Elvis.

Aquí os dejo unas cuantas canciones del disco. Disfrutadlas.

Actualización: Os había colgado aquí unas canciones directamente, pero como parece que los reproductores de WordPress no funcionan -o yo no sé cómo hacerlos funcionar- y tampoco me deja incrustar ni los de Goear ni los de Deezer, os dejo un enlace con este último sitio, donde encontraréis todas las canciones de este disco y también las del otro disco de Dillard & Clark, Through the Morning, Through the Night.

Enlace a las canciones en Deezer.

6 mayo 2009 at 9:10 pm 3 comentarios

Balance cinematográfico del fin de semana

Como he visto demasiadas pelis este fin de semana como para hacer un comentario detallado de cada una, os cuento unas cuantas impresiones rápidas sobre ellas.

 El jueves noche, tocó sesión doble en el D’Or, el único cine de reestreno que queda en Valencia. La cosa empezó con La ola (Die Welle, 2008), la peli sobre un profesor de instituto que, para mostrar a sus alumnos que sería posible que un fenómeno como el de la Alemania nazi se repitiera hoy en día, organiza un experimento de grupo autocrático en su clase. El experimento «triunfa» y los chavales verán de primera mano hasta qué punto es fácil manipular a las personas para que sean capaces de sacrificar al individuo en aras del grupo. Esta reflexión sobre la tensa relación entre individuo y grupo me pareció de lo más interesante de la película: en una sociedad que potencia el aislamiento y el egoísmo, soluciones de tipo autocrático que potencian el sentido de pertenencia al grupo aportan sin duda algo curativo a los más desorientados; por otra parte, la resistencia a entregarse al grupo, ¿es reivindicación de la individualidad o puro egoísmo? Temas secundarios también interesantes: educación, papel del profesor, etc. Algo dispersa en ocasiones, con altibajos en el ritmo. Quizá un final demasiado truculento.  

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Después, El curioso caso de Benjamin Button. Mejor de lo que me esperaba: a pesar de las dos horas y tres cuartos, consigue mantener un ritmo aceptable y una expectativa en el espectador. Resuelve bastante bien el problema de la verosimilitud. Como puntos negativos, los típicos de cierto cine actual: poca capacidad de síntesis, algunos personajes secundarios poco perfilados, a veces poca claridad en cuanto a las motivaciones de los personajes, cierta estética «de anuncio» en ocasiones.  

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Ya en casa, un par de westerns, el género que más me apetece en la actualidad. El viernes, El último tren de Gun Hill, una pequeña obra maestra de John Sturges (el de Los siete magníficos, entre otras), con Kirk Douglas y Anthony Quinn. La película se construye sobre la relación de amistad-antagonismo entre los personajes de esos dos actores. Como en toda tragedia, cada uno de ellos actúa hasta las últimas consecuencias de acuerdo con su deber -en el caso de Douglas, como marido; en el de Quinn, como padre: el objetivo de cada uno solo puede llevarse a cabo anulando al del otro. Imprescindible -como diría un crítico profesional.

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El sábado, El jinete pálido, el western dirigido y protagonizado en 1985 por Clint Eastwood, que abrió el camino del nuevo western, tras unos años en que el género parecía agotado. A pesar de algunos puntos algo negativos -sobre todo la fotografía propia de telefilme y algunos diálogos no demasiado brillantes, por lo menos en la versión doblada que vi-, la peli es recomendable, si bien no me parece tan «obra maestra» como he leído en comentarios por ahí. El personaje de El predicador (Eastwood)  entrará a formar parte de la mitología personal de cualquier aficionado al western que la vea. El argumento repite un esquema habitual en el western, con un ejemplo clásico en Raíces profundas de George Stevens, a la que sigue muy de cerca: un grupo de personajes humildes se engrenta a la voracidad de un magnate que pretende expulsarlos del lugar en que viven para expandir su negocio, en este caso minero. En este contexto, un misterioso personaje, a la vez predicador y pistolero, aparecerá para ayudarlos. Bastantes toques religiosos en la cinta. No quiero destrozarle a nadie la peli, pero digamos que la naturaleza del misterioso Predicador no está clara. Eastwood antológico como siempre en su papel de hombre duro.

palerider460

4 mayo 2009 at 12:39 pm 1 comentario


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