Posts tagged ‘literatura fantástica’

Lovecraft (I)

Lovecraft en un rara foto en que sonrie

Lovecraft en un rara foto en que sonríe

Para ir ambientándome en la lectura del librito de Houllebecq sobre H. P. Lovecraft, estoy leyendo estos días algunos cuentos de este último. Lovecraft fue una lectura, aunque no demasiado extensa ni intensa, de mi adolescencia y primera juventud. Básicamente leí entonces  el tocho de Alianza de Los mitos de Cthulhu -creo que se escribe así-, una recopilación editorial con cuentos de Lovecraft y otros autores en el que intentan trazar el desarrollo  de esa particular cosmogonía que se descubre en los cuentos de Lovecraft pero que él nunca llegó a sistematizar. También leí otras cositas (echando un vistazo a mis estantes veo Dagón y otros cuentos macabros, En las montañas de la locura, El horror de Dunwich) pero, como tantas otras, fue una lectura que fue quedando abandonada con el paso de los años, arrinconada por las lecturas académicas y supongo que también por ese prejuicio, que hoy tengo ya muy superado, que pretende que la literatura de imaginación, fantástica o maravillosa sea una literatura menor, que uno debe dejar de lado como se dejan los libros para niños y se toman los libros para mayores.

Por eso me está causando mucho placer la lectura del librito que me compré el otro día, El clérigo malvado y otros relatos. Como la mayor parte de los libros de Lovecraft que puede uno encontrar, el volumen es una colección hecha por los editores y no por el propio autor. En este caso, han incluido seis cuentos de la época, digamos, mayor de Lovecraft, acompañados de unos cuantos cuentos -atención a la paronomasia- de juventud y unos esbozos de relatos, supuestamente escritos a raíz de sueños, que dejó sin desarrollar.

Lápida de Lovecraft

Lápida de Lovecraft

Al menos en España, el prestigio de Lovecraft se ve un poco ensombrecido, además de por el estúpido prejuicio que mencionaba arriba y que aquí reina sin contestación, por el hecho de que aquí, cuando uno oye hablar de Lovecraft ya está imaginándose a pandillas de freaks socialmente marginales, que solo salen de su casa para jugar a rol con casos tan perdidos como ellos (bueno, eso del rol era antes de la generalización de internet, no sé ahora cómo andará el tema). Vamos, que decir que te gusta Lovecraft -o Tolkien, o Conan Doyle, o Stevenson, etc.- no queda bien si te mueves en cogollitos de pijo-progres culturetas de los que hacen la revolución, pongamos por caso, ante una cerveza en una facultad de Filología (conste que no hablo de una facultad entera en sí misma porque en ellas lo que sucede directamente es que no queda bien decir que te gusta leer, lo que sea, dado que la mayor parte de estudiantes que vagan por ellas si han leído algún libro es por error).

 Una de las cosas que más me ha llamado la atención en esta lectura, que no recuerdo haber percibido en las lecturas adolescentes, es el extremo racismo que se desprende de sus relatos. En Lovecraft la variedad racial, la mezcla étnica, siempre va asociada con la suciedad física y moral y con la pervivencia de esos oscuros y perversos cultos a deidades monstruosas que constituyen el núcleo de su particular cosmogonía. En algunos relatos el protagonista, salido de la clase protestante de origen colonial británico u holandés, como el propio autor,  se enfrenta a esos horrores de origen ancestral que florecen en mediso habitados por gentes de remoto origen, que el narrador describe sin ahorrar una gota de desprecio. Lo hace, por ejemplo, en “El horror de Red Hook”, cuento que realmente me acojonó mientras lo leía de noche en la silenciosa salita, donde el prota está a punto de perder la cordura al enfrentarse a un repulsivo culto practicado por los yazidíes kurdos inmigrados ilegalmente a los Estados Unidos, a los que el narrador se refiere como “cierta hez incalificable de asiáticos tan sabiamente devueltos por Ellis Island” [la isla de Nueva York que servía de acceso a los inmigrantes].

 El racismo de Lovecraft no es más que uno de los aspectos de su profunda repulsión ante la modernidad. Para calibrar la intensidad de esta no hay más que leer “Él”, un relato situado en la Nueva York de las primeras décadas del XX e impregnado de añoranza por la vieja ciudad colonial y de asco por la ciudad moderna. El rechazo de Lovecraft por la modernidad es absoluto, sin paliativos. Su falta de matices, por totalmente negativo, le resta interés, en la línea de lo que Marshall Berman llama una contrapastoral de la modernidad. Creo que tal vez es posible también una lectura más compleja, a raíz sobre todo del relato “En los muros de Eryx”, una especie de experimento de ciencia-ficción (transcurre en Venus), del que parece desprenderse una condena de la mentalidad colonialista del hombre blanco occidental. Si al principio los nativos venusianos, los hombres-lagarto, son tratados con un desprecio que recuerda el que otros narradores lovecraftianos dispensan a los negros, asiáticos, etc., finalmente aquel debe reconocer la superioridad de esos hombres-lagarto y condenar la empresa colonizadora de los terrícolas.

Bueno, después de este rollazo que os he soltado, solo me queda recomendaros que os deis el gusto de leer algún libro de Lovecraft si os apetece pasar un ratito de miedo cósmico. Le he puesto un (I) a este post porque espero seguir la serie con más cositas. ¡Feliz Navidad!

 

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25 diciembre 2008 at 7:52 pm Deja un comentario


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